martes, 6 de julio de 2010

Y ya fue...

Se acaba de terminar el sueño uruguayo, la esperanza sudamericana.
Tengo sentimientos encontrados, por una parte el orgullo de ver a un equipo que lo ha dejado todo, con nobleza y pasión, pero por otro la frustración de verlo caer derrotado ante un equipo arrogante, que en 5 minutos le dio un giro a la historia del partido.

La analogía a usar es la siguiente: La final de la copa del mundo, una chica guapa, deseada de toda la vida. Uruguay, el pretendiente de las zapatillas, de unos cuantos poemas y amor verdadero. Holanda, el canchero con el auto caro y las cosas simples.

Me da mucha lastima lo que sucedio, primero porque el partido era parejo y hasta cierto punto Uruguay lo controlaba con tranquilidad. Holanda es un buen equipo, que presiona bien, con jugadores desiquilibrantes por las bandas y que tiene paciencia europea. Los Charrúas por su parte, al principio se comieron un gol de otro partido, remarón con los nervios de una semifinal tras 40 años, el resultado en contra y tener varias bajas importantes. Sin embargo, los minutos le entregaron ese aire a la celeste. Empato Forlan, lo grite. Se terminaba el primer tiempo y Uruguay era más.

El segundo tiempo era extraño, era un partido que no llegaba a su punto real, por un lado Uruguay llegaba con audacia, pero de forma esporadica, Holanda llegaba por presión, pero sin contundencia.
Era por la izquierda.
De ahí salio un casi gol de Robben, a la jugada siguiente, llego el gol. 5 minutos más tarde el 3-1.
Se acababa.

Pero la garra es la garra, y mientras Robben salia reemplazado celebrando, los orientales nos demuestran que hay que pelearlas todas, jugarsela el todo por el todo, hasta la ultima pelota, hasta el ultimo minuto. LLego el descuento y los ultimos 2 minutos lograron tener esa epica que uno agradece.
Estuvo cerca.

pd: Victorino, tienes revancha dentro de poco, tu tranquilo.

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